(Entrevista realizada por David Ramos de EWTN y Aciprensa)
Día de Muertos Aciprensa
- Padre, ¿qué debería estar en el centro para un católico cuando recuerda a sus difuntos el 1 y 2 de noviembre?
R. La oración por ellos. Al recuerdo cariñoso se debe unir la oración por los difuntos, es la mejor manera de recordarlos y de hacer algo positivo por ellos. Podríamos decir que a los difuntos no les sirven nuestras lágrimas (aunque a nosotros sí nos sirven, como parte del proceso del duelo), en cambio, sí les sirven, y mucho, nuestras oraciones. Respecto al 1º de noviembre, solemnidad de Todos los Santos, nos sirve el recuerdo de que no estamos solos en nuestro camino hacia el Cielo, sino que una muchedumbre nos ha precedido en nuestro caminar, y ellos pueden interceder por nosotros para que coronemos la maravillosa meta de la santidad. Además, nos sirve de motivación y esperanza el recuerdo de su vida, porque nos muestra cómo el ideal que nos propone Jesucristo, si bien es magnánimo y exigente, ha podido ser vivido por una multitud de personas, imperfectas y pecadoras como nosotros.
2. ¿Cómo se relacionan estas fechas con la comunión de los santos, la oración por los difuntos y la esperanza cristiana en la resurrección?
R. Las dos fiestas (Todos los Santos y Difuntos), representan una forma litúrgica de vivir el dogma de la Comunión de los Santos, que recordamos todos los domingos al rezar el Credo en la Misa. De hecho, en toda celebración eucarística se pide expresamente por los difuntos, y nos unimos a la alabanza que los santos tributan a Dios en el Cielo por toda la eternidad. Las dos conmemoraciones litúrgicas nos recuerdan que no vamos solos, que hay una comunión de bienes espirituales entre nosotros -Iglesia militante-, las almas que se purifican en el purgatorio, es decir, los difuntos que no han alcanzado el premio eterno, por los que se ofrece la Eucaristía el 2 de noviembre -Iglesia purgante-, y aquellos que ya han llegado a la meta, al Cielo -Iglesia triunfante-, que el haber alcanzado la plenitud de la caridad, interceden por quienes todavía estamos aquí, en este mundo.

3. En México suele decirse que durante el Día de Muertos nuestros seres queridos “regresan” o “vuelven a visitarnos”. ¿Cómo debería entender un católico expresiones como estas?
R. Siempre existe el peligro del sincretismo religioso. El culto a los muertos era una forma cultural viva y muy fuerte en nuestros ancestros prehispánicos, de modo que al ser asumida por el cristianismo e inculturarse, se mezclaron elementos cristianos con formas paganas. Sin embargo, pienso que inculturación no es sinónimo de sincretismo; supone asumir los elementos positivos que existían en una cultura precedente, en este caso la prehispánica. Costumbres como el “altar de muertos”, el “pan de muerto”, “las calaveritas” (de azúcar y como forma poética), no representan, de por sí, una forma de sincretismo, sino una creativa manera de inculturación, de simbiosis fecunda entre el alma prehispánica y el cristianismo. Las expresiones que mencionas (“regresar”, “volver a visitarnos”) me parece que más bien designan el hecho de que los tenemos más presentes y nos sentimos unidos a ellos. En realidad, toda esta forma de tener presentes a nuestros ancestros fallecidos, según los cánones del cristianismo inculturado en México, representa una forma legítima de vivir la virtud cristiana de la piedad, que nos conduce a tener presentes y a rezar por los difuntos, especialmente nustros parientes más cercanos, como nuestros padres. Creo que serían casos extremos o marginales, aquellos que podrían rozar en otra forma cultural muy diversa, que es el espiritismo y la invocación a los muertos, la cual está expresamente prohibida en la Biblia (Deuteronomio 18,10-12; Levítico 19, 31 y 20, 6; Isaías 8,19).
4. ¿Existe el riesgo de que una celebración tan rica culturalmente termine perdiendo su sentido cristiano y se quede únicamente en lo sentimental, lo decorativo o lo festivo?
R. Lamentablemente sí existe. Se puede vivir despojada de sus elementos religiosos, de lo importante, que es la oración, ofrecer la Misa, o visitar los cementerios para pedir por ellos. De hecho, visitar a los difuntos en el cementerio o columbario es una actividad recomendada por la Iglesia, hasta el extremo de que se concede la Indulgencia Plenaria, aplicable por los difuntos, si se visitan durante los primeros 8 días de noviembre, con las condiciones requeridas para lucrar toda indulgencia plenaria: Estar en estado de gracia y confesarse sacramentalmente (cerca de la fecha). Comulgar. Rezar por las intenciones del Papa, basta un Padre Nuestro y un Ave María. Tener desapego total de todo pecado, incluso venial (lo más difícil). Curiosamente, en México, desde la película de James Bond 007 “Spectre” (2015), se ha difundido mucho el desfile de muertos. Digamos que esto viene a ser una manifestación folklórica, que tuvo un origen e inspiración cristianos/precolombinos, pero que ya no contiene elementos religiosos. No me parece que sea algo negativo. Es una forma cultural legítima, aunque despojada de sus elementos religiosos.

5. Si una familia católica quisiera vivir este Día de Muertos de una manera verdaderamente cristiana, ¿qué prácticas concretas les recomendaría?
R. Primero, asistir a la santa Misa. Si es posible, que manden a decir misas por sus difuntos cercanos. Si es posible, que visiten a sus difuntos en el cementerio o columbario, recordado que, si lo hacen durante los primeros 8 días de noviembre, pueden lucrar una Indulgencia Plenaria (hasta una al día), y ofrecerla por sus difuntos. Y, en general, pedir internamente, con el corazón, por los difuntos cada vez que participan en la Eucaristía. San Josemaría recomendaba hacer una breve oración por los difuntos cada vez que se pase cerca de un cementerio o columbario. Luego, poner elementos religiosos en las otras formas de vivir la conmemoración por los difuntos, por ejemplo, poner una imagen de la Virgen de Guadalupe en el altar de muertos, o recordar a muertos católicos relevantes en el altar de muertos, por ejemplo, incluir entre los muertos presentes en el altar al papa Francisco.