Entrevista realizada por David Ramos, periodista de EWTN y Aciprensa.

1. El género habitual es hablar de una “introducción al cristianismo”, pero usted ha querido escribir específicamente una Introducción al catolicismo. ¿Qué cree que hacía falta explicar hoy sobre lo específicamente católico?

R. Efectivamente, el género habitual es “Introducción al cristianismo”, como el afamado texto de Ratzinger que es citado profusamente en el libro. Quizá, en tiempos recientes, debido a una motivación ecuménica, se ha puesto el acento en lo que nos une con otras confesiones cristianas, pero se ha incidido poco en lo característico del catolicismo. El presente texto pretende subsanar esa ausencia, específicamente con dos capítulos, el dedicado a la escatología, donde se habla del purgatorio, por ejemplo y, sobre todo, el dedicado a desarrollar las razones y los motivos teológicos de nuestra devoción a la Virgen, a los santos, junto con el papel medular que juega el papado en la Iglesia. Virgen, santos, papado y purgatorio son temas que quizá han sido arrinconados y que era necesario “rescatar” y difundir, mostrando las profundas motivaciones teológicas que los sustentan. Es decir, su papel en la fe del católico corriente, del católico de a pie, es fundamental.

2. El libro nació de sus clases de Introducción al cristianismo con universitarios de carreras muy distintas. ¿Qué preguntas, dudas o incluso objeciones de sus alumnos terminaron influyendo en el libro?

R. Normalmente los alumnos tienen una cultura alimentada por los medios de comunicación masivos y por las redes sociales. En su mayoría carecen de una preparación académica e intelectual sólida. No están fundamentados, en su mayoría, en lecturas solventes. Alimentarse de los medios y las redes tiene el inconveniente de que estos (redes y medios), a su vez, se alimentan de los escándalos. Lo escandaloso vende y llama la atención, y eso es lo que mendigan los medios y difunden las redes. Por eso mismo, las objeciones más frecuentes son contra la Iglesia, especialmente el tema de la pedofilia, de las riquezas de la Iglesia, o del uso de la violencia para defender y difundir la fe, como sucede con las cruzadas, la inquisición, pero también con la evangelización de América, ya que la lectura woke ha difundido una perspectiva negativa del “colonialismo”, cargada de clichés, anacronismos y simplificaciones. Por eso procuro abordar esos temas y explicar su contexto, más que con ánimo apologético, como un esfuerzo de fusionar diferentes “horizontes de interpretación”; es decir, empeñarnos positivamente en comprender a los hombres de la Iglesia del pasado y sus razones.

3. Usted dice que quiere dialogar tanto con creyentes como con no creyentes y mostrar que el catolicismo tiene “altura intelectual”. ¿Cuál diría que es hoy el prejuicio o malentendido sobre la fe católica que más cuesta superar?

R. Me parece que sigue siendo una tarea pendiente mostrar la compatibilidad entre fe y razón, entre ciencia y religión. Todavía existe un pesado lastre, alimentado con cierta ignorancia selectiva, que las contrapone, inclinando a unos a abandonar la fe, y a otros convivir en la práctica con la “teoría de las dos verdades”, la religiosa y la científica. Es preciso mostrar cómo el catolicismo no solo es una “religión racional”, sino que también ha realizado valiosísimas aportaciones a la civilización, la ciencia y la cultura, hasta el punto de que no es posible entender el mundo de hoy sin la contribución aportada por la Iglesia Católica a lo largo de los siglos. El segundo escollo es el de la moral, el de la ética católica, más específicamente en materia sexual, pero también en lo referente a la defensa de la vida, en temas polémicos como el aborto y la eutanasia. Es preciso mostrar la racionalidad de la posición católica, así como su conveniencia para la civilización en general, pero también para las personas concretas en particular. Es necesario poner en evidencia cómo la moral católica no es arbitraria o prepotente, sino una forma racional que hace florecer a las personas, a la cultura y a la sociedad. Al mismo tiempo, es preciso poner en evidencia como su ignorancia o abandono, conducen más pronto que tarde, a la degradación moral, a la disolución social, a la epidemia de individualismo que estamos viviendo, que al final del día deja como remanente, a un conjunto de sociedades que se ufanan de haber eliminado a Dios de su horizonte vital, pero que al mismo tiempo son infelices y adolecen de una aguda carencia de sentido para sus vidas.

4. En el libro no evita algunos de los temas más incómodos de la historia y del presente de la Iglesia, como la Inquisición y la pedofilia en el clero. ¿Por qué consideró necesario incluirlos en una introducción al catolicismo y cómo se puede hablar de ellos sin caer ni en la evasión ni en una defensa acrítica de la Iglesia?

Como mencionaba más arriba, los temas escándalos son muchas veces, lo único que la gente corriente ha escuchado sobre la Iglesia. La gran masa de personas que no asisten a Misa los domingos, saben de la Iglesia únicamente lo que los medios les muestran, y los medios se ceban con los escándalos porque venden. No abordar esos temas sería como cerrar los ojos a la realidad o hacer como los avestruces que, según dicen, cuando hay peligro se limitan a meter su cabeza en un hoyo, bajo tierra. No, es necesario abordar esos temas espinosos de frente, y mostrar cómo, a pesar de su crudeza y lo lamentable de los hechos, ellos no invalidan el mensaje de Cristo ni la labor de la Iglesia. El desafío es no obsesionarse con ello, como si la Iglesia fuera una organización criminal transnacional, pero tampoco ignorarlo, presas del pánico. Hay que verlo en perspectiva y con un contexto teológico preciso, que sin disculparlos nos permita comprenderlos. Es decir, comprender la “lógica de la Encarnación”, según la cual, lo humano y lo divino se entreveran en la vida de la Iglesia; a veces resalta lo divino, y ello se encarna en la vida de los santos; a veces destaca lo “humano, demasiado humano”, y tenemos entonces los criminales actos de pedofilia.

5. Al final de la introducción usted dice que espera que el libro despierte “el gusanillo de la duda” en quienes viven alejados de la fe. ¿Qué duda le gustaría sembrarles?

R. Últimamente me he dado cuenta de que, en nuestra cultura, que en muchos aspectos y ambientes puede llamarse “postcatólica”, las personas, que recibieron una embarrada de religión en el catecismo cuando eran niños, pero que ya después nunca han practicado la fe, van a abrevar fuera del catolicismo para intentar saciar su sed de trascendencia, su sed de sentido. Como ha recordado recientemente León XIV: “los seres humanos no pueden vivir sin sentido. El sentido es el oxígeno de la mente» (Discurso en la UNESCO, 29-IX-2026). Lo que quisiera transmitir a ese creciente número de católicos alejados de la práctica religiosa, es que no tienen necesidad de ir al budismo o al hinduismo, al yoga o a la meditación vipassana. No vayan a buscar fuera de casa lo que tienen en abundancia en ella. Es triste ver cómo “católicos culturales” buscan saciar su sed de trascendencia y su hambre de paz en otras tradiciones espirituales, ignorando el gran tesoro que tienen en su tradición católica. Se trata de hacerles ver el inmenso tesoro de la espiritualidad católica, mucho más real, rico y profundo que cualquier otra forma religiosa de la humanidad. Se trataría de ayudarles a redescubrir el tesoro no solo espiritual, sino de humanidad que se esconde en la fe católica.