“Diseñar nuevos mapas de esperanza” he ahí el desafío que plantea León XIV a la educación católica en el tercer milenio, sesenta años después de la Declaración Gravissimum educationis, del Concilio Vaticano II. Este vendría a ser el segundo documento emanado por el magisterio del recién estrenado pontífice, aunque, en cierto modo, podría considerarse el primero, pues la Exhortación Apostólica Dilexit te, aunque fue publicada antes, recoge fundamentalmente el trabajo y el pensamiento del Papa Francisco. La “Carta Apostólica Diseñar nuevos mapas de esperanza” expresa en cambio el pensamiento de León XIV sin filtros ni intérpretes.

A lo largo del texto León XIV va subrayando algunas de las principales líneas de fuerza propias de la educación católica. Caben destacar, de entre ellas: la centralidad de la persona, la importancia de la formación integral, caracterizada por un humanismo cristiano que supere los estrechos criterios de la productividad y la eficacia; la importancia de cultivar la interdisciplinariedad o transdisciplinariedad, recordar que la familia es la primera escuela; la escuela católica colabora con los padres, no los sustituye, y la importancia de que, a través de la educación, se construyan puentes y no muros.

60 años después de la Gravissimum educationis del Concilio Vaticano II

León XIV nos recuerda que “la cuestión de la relación entre fe y razón no es un capítulo opcional: «la verdad religiosa no es solo una parte, sino una condición del conocimiento general» … La universidad y la escuela católica son lugares donde las preguntas no se silencian y la duda no se prohíbe, sino que se acompaña” (n. 3.1). Para el Papa es fundamentalponer a la persona en el centro”, haciendo énfasis en que “la educación no es solo transmisión de contenidos, sino aprendizaje de virtudes. Se forman ciudadanos capaces de servir y creyentes capaces de dar testimonio, hombres y mujeres más libres” (n. 5.1).

La educación debe ser integral, en la escuela católica “se entrelazan la fe, la cultura y la vida. No es simplemente una institución, sino un ambiente vivo en el que la visión cristiana impregna cada disciplina y cada interacción. Los educadores están llamados a una responsabilidad que va más allá del contrato de trabajo: su testimonio vale tanto como su lección. Por eso, la formación de los maestros —científica, pedagógica, cultural y espiritual— es decisiva” (n. 5.2). Más allá de cubrir un determinado currículo, la educación católica aspira a crear un ambiente cristiano. En ese empeño son de fundamental importancia los profesores. Se educa no sólo con las clases, sino con la vida toda. “La fe, cuando es verdadera, no es una «materia» añadida, sino el aliento que oxigena todas las demás materias… La tarea hoy es atreverse con un humanismo integral que habite las preguntas de nuestro tiempo sin perder la fuente” (n. 6.2).

Es muy actual las orientaciones que brinda el documento sobre la tecnología en el proceso educativo, particularmente la Inteligencia Artificial: “Las tecnologías deben servir a la persona, no sustituirla; deben enriquecer el proceso de aprendizaje, no empobrecer las relaciones y las comunidades” (9.1). El documento invita a “evitar toda tecnofobia. Nuestra actitud hacia la tecnología nunca puede ser hostil, porque «el progreso tecnológico forma parte del plan de Dios para la creación». Pero exige discernimiento.” (9.2) Por eso, “el punto clave no es la tecnología, sino el uso que hacemos de ella. La inteligencia artificial y los entornos digitales deben orientarse a la protección de la dignidad, la justicia y el trabajo; deben regirse por criterios de ética pública y participación; deben ir acompañados de una reflexión teológica y filosófica a la altura” (9.3).

Finalmente, el documento recoge la propuesta del Papa Francisco de elaborar un Pacto Educativo Global. A las siete propuestas elaboradas por Francisco, León XIV añade otras tres: “La primera se refiere a la vida interior: los jóvenes piden profundidad; necesitan espacios de silencio, discernimiento, diálogo con la conciencia y con Dios. La segunda se refiere a lo digital humano: formemos en el uso sabio de las tecnologías y la IA, colocando a la persona antes que el algoritmo y armonizando las inteligencias técnica, emocional, social, espiritual y ecológica. La tercera se refiere a la paz desarmada y desarmante: educamos en lenguajes no violentos, en la reconciliación, en puentes y no en muros; «Bienaventurados los pacificadores» (Mt 5,9) se convierte en método y contenido del aprendizaje” (n. 10.3).

Pacto Educativo Global

Con esa hoja de ruta León XIV consigue elaborar los “nuevos mapas de esperanza” que orienten a la verdadera “constelación” de instituciones educativas católicas, de modo que sean fermento de una humanidad nueva, a la altura de los desafíos que el mundo actual y la tecnología nos presentan. Los que nos dedicamos a la educación estamos llamados a realizar un hondo examen y una conversión personal en nuestra tarea educativa, teniendo como telón de fondo el texto de León XIV.